Jaime_Siles

¿Cómo cree que la literatura puede ayudar a una persona que atraviesa una situación crítica en su vida?

La literatura ayuda siempre, y de muchos modos y maneras, sobre todo a personas que atraviesan una situación difícil en su vida. El hecho de leer supone por sí mismo suspender nuestro yo y abrirse a otro u otros: en el caso de la lectura, a lo que dice un determinado autor y a lo que encarnan y representan sus protagonistas. Por eso mismo relativiza lo que somos y, al hacerlo, nos libera de lo que pensamos o sentimos como peso o angustia interior. La imaginación – y la literatura se basa en ella- es una liberación de uno mismo y de los problemas que lo acucian. Por eso supone una ampliación de uno mismo, proporciona distancia para asumir y enfrentarse a las cosas y, a la vez, nos hace ver todo de otro modo. Y ver las cosas de otro modo implica ver también otra cosa.

Parece que la poesía ya solo la leen un número muy reducido de personas. ¿Cree que se podía hacer algo para revertir esta situación?

La poesía siempre ha sido minoritaria, pero esa condición ha ido cambiando: hoy, por ejemplo, se lee mucha más poesía que cuando yo era joven, aunque no sé si se lee mejor. La lectura de la poesía depende de la educación primaria y secundaria fundamentalmente: de cómo se enseñe en la escuela y en el Instituto, de cómo los profesores la expliquen y la hagan llegar a sus alumnos. Cuando yo era niño la poesía se empezaba a aprender cantando: en las canciones que el maestro y el profesor escribían primero en la pizarra, donde los alumnos aprendían el contenido de las estrofas antes de cantarlas y donde iban viendo también la correspondencia entre la letra y el sonido y cómo formaban y conformaban una significativa unidad. Sin vivencia y disfrute de la canción infantil es difícil que se despierte el gusto poético.

En la actualidad, parece que hay mucho materialismo y poco espíritu. ¿Qué papel considera que debe jugar el humanismo en esa tesitura?

El humanismo ha sido siempre un contrapeso contra el materialismo, que es una constante tentación del individuo y de la sociedad y que ha acabo por atenazar y reducir la condición del ser humano. Las humanidades (la filosofía, la historia, la literatura, y el arte) enseñan lo que de verdad importa: esto es, la diferencia entre valor y precio, y que las cosas más importantes son aquellas que no tienen precio pero sí valor. Una educación en valores resulta cada vez más necesaria, porque, sin ellos, difícilmente puede una verdadera sociedad, en la que todos los seres humanos se sientan integrados y disfruten del hecho de existir.


Una pregunta un tanto indiscreta. Si tuviera que elegir a sus dos poetas preferidos, ¿cuáles serían?

Mis poetas preferidos son muchos, muchísimos, porque son muchos aquellos de los que he aprendido y a cuya obra, según lo que en cada momento necesito, vuelvo. Nombrar tan sólo dos sería cometer una injusticia para con todos los otros. Pero sí puedo decir los poetas que fueron más determinantes para mí en el inicio de mi juventud: Homero y Virgilio

Los libros que más se venden en la actualidad son demasiado ligeros, muy fáciles de leer. ¿A qué cree que es debido?

El libro se ha mercantilizado y, en un mundo capitalista como es el nuestro, las editoriales se ven obligadas a vender. Lo que hace que muchas veces se confunda la calidad de un libro con el número de ejemplares vendidos: algo que no es cierto, porque en la literatura el número de lectores no modifica el valor del producto.

El último plan de Bolonia ventila las humanidades de los programas académicos, ¿qué consecuencias cree que podría traer esto?

Me parece que el plan Bolonia, diseñado por unos burócratas de Bruselas, sin conocimiento directo de las aulas ni de lo que se enseña en ella ni menos aún de lo que se debe enseñar, han procedido con una inadmisible frivolidad, cuyos desastrosos resultados estaban cada día viendo. Los alumnos cada vez saben menos, no se fomenta sino que se penaliza el esfuerzo y la moral del sacrificio, y hay ya varias generaciones mentalmente a la intemperie, debido al intenso proceso de infantilización a que se han visto sometidas por unos deficientes pedagogos, empeñados en creer que, más importante que las materias de estudio, es el modo de enseñarlas. Las consecuencias de este disparate están a la vista y son muy claras: profesionales cada vez peor preparados, personas cada vez más irresponsables de sus propios actos, falta de atención y concentración en las aulas, alumnos incapaces no sólo para las ciencias exactas (matemáticas, física y química) sino también para poder verbalizar la realidad o entender y comprender un texto por sencillo que sea. Todo esto supone una regresión en el proceso de conocimiento al que siempre ha aspirado la humanidad y que ha contribuido a crear, mucho más que la política, el denominado “estado de bienestar”, que debemos, entre otros, a los médicos.

¿Podría recomendar alguna lectura para los lectores de nuestra revista?

Mi recomendación es que lean aquello que más les guste, porque eso es lo que les va a hacer leer más. La lectura, como todo, tiene distintas fases de aprendizaje y hay que empezar siempre por lo más sencillo.