Uno de los problemas más importantes y que requieren una atención especial dentro de Instituciones Penitenciarias es el consumo de sustancias tóxicas. No debemos olvidar que las prisiones no dejan de ser un fiel reflejo de la sociedad en todos sus ámbitos, más si se ve agravado por la falta de libertad.

Por lo tanto, lo ideal es conseguir que los Centros Penitenciarios sean unos espacios libres de drogas, y que todas aquellas personas que tuviesen algún tipo de adicción antes de ingresar, fuesen tratadas bajo un riguroso control médico, evitando así incidentes.

Con el fin de evitar la entrada de esas sustancias por medio de las internos o familiares, regresos de permisos, salidas programadas, comunicaciones, etc. se ha implantado en el Centro la Unidad Canina, compuesta por dos perras pastores belgas de nombres Lola y Kira, que son dirigidas por dos funcionarios.

La unidad canina detecta hachís, marihuana, cocaína, heroína y anfetaminas.

Dentro de sus funciones estarán principalmente la de detectar la presencia de cualquier sustancia no permitida, con inspecciones periódicas y extraordinarias por las distintas dependencias y módulos. También tendrán un papel importante en el control de los visitantes en su entrada a locutorios, comunicaciones y vis a vis; así como de las personas que acceden al recinto interior. Otra labor importante que tendrán es el control de la paquetería y movimiento de suministros propios del Centro.

No debemos olvidar que una vez se tenga el conocimiento de su funcionamiento, tendrán un carácter disuasorio para aquel que tenga la intención de introducir cualquier tipo de sustancia prohibida. No debemos olvidar que el tráfico de sustancias de este tipo esta perseguido tanto penal como penitenciariamente, pudiendo dar lugar a nuevas causas judiciales, así como partes penitenciarios graves, que pueden conllevar el traslado a otra prisión.

ERNESTO FONCUBERTA

Redactor de Ecos de Soto.

Foto: Daniel Fortesque.