Cuando se entra dentro de un centro penitenciario, se entiende que la libertad y la identidad de cada una de las personas que cohabitan ese espacio tan específico, tiene una determinada función, un rol particular y una manera de estar y ser.

6 horas y un relato. Cuando se entra dentro de un centro penitenciario, se entiende que la libertad y la identidad de cada una de las personas que cohabitan ese espacio tan específico, tiene una determinada función, un rol particular y una manera de estar y ser. Se trata de un tipo de libertad y de una identidad relacionada con el mundo exterior, con la realidad externa que a cada uno le ha tocado vivir. En el caso de los reclusos, su ser y estar se podría resumir en dos frases: No soy libre y soy un preso.

Pero, ¿qué hay ese espacio interno que existe en cada uno de ellos?, ¿qué hay de esa identidad individual que hace al sujeto único e insustituible?, ¿qué hay de esa libertad que uno siente dentro de sí mismo independientemente de las circunstancias en las que se pueda encontrar?

Resulta de vital importancia posicionar la arte terapia en su justo lugar y entender que no se basa en la creación de obras artísticas cuyo objetivo es obtener un resultado estético en base a conocimientos técnicos. Ni mucho menos se trata de un espacio donde se aprende a pintar, a esculpir o donde se realizan trabajos manuales.

No. No hay reglas y no hay técnica. Esa es la dificultad. Hay libertad expresiva a través del proceso creativo que el mismo participante va construyendo en base a sus deseos.

La arte terapia, además, no pretende ofrecer respuestas cerradas sino facilitar al analizante la posibilidad de elaborar sus propias preguntas y obtener respuestas desde la raíz. Tampoco tiene la intención de meter en juego factores psicológicos. Sirve como puente que da acceso al inconsciente de la persona y le permite comprender la relación que existe entre su microcosmos y su relación con la realidad externa. Esta interacción dentro -fuera produce un mayor autoconocimiento y resulta ser un punto de partida esencial que nos lleva a conquistar nuestro libre albedrío y hacer con él un uso más consciente.

Y partiendo bajo estas premisas el equipo de arte terapeutas se acercó al universo de los participantes.

Dos grupos, dos días, dos propuestas y un total de tres horas de inmersión por grupo. Materiales como masa “foam”, cartulinas, revistas, pinceles y pinturas distribuidos por las mesas y dos retos. Uno por taller:
● “Crea algo que te identifique“, “Crea algo que te lleve a tu raíz, que te dé fuerza y sientas que te protege”
● “¿Cuáles son tus sueños?” La intención de ambas propuestas ha sido la de transitar de forma transversal la experiencia de su cotidianeidad en el centro, basada en la ausencia de una identidad individual y en la carencia de libertad. Nuestra labor como arte terapeutas, fue la de acompañar y escuchar a los participantes sin intervenir durante su proceso creativo.

Las reacciones ante ambas propuestas fueron realmente variopintas pero todas tenían algo en común. Su verdad. Algunos de ellos transmitían sed de expresarse y no vacilaron ni un segundo en ponerse manos a la obra y realizar un viaje directo hacia ellos mismos. Otros, sin embargo, necesitaron un espacio más amplio de tiempo para conectarse. De forma gradual la concentración y el foco ya no estaba en la realidad exterior sino en su propio espacio interno. Su propio proceso creativo les proporcionó una nueva vía de reflexión sobre su propia identidad y una elaboración simbólica de sus conflictos. 6 horas sólo dan la oportunidad de hacerles entender que existe una puerta sin llave que les da acceso a conocerse de manera más profunda y por lo tanto más libre, pero sí fueron suficientes para convertirse en los creadores de su propio relato. Un relato único e irrepetible. Su relato.