Hablamos con Spok, un artista nacido en 1978 que se ha especializado en obras de gran formato. Su veteranía le ha llevado por espacios de todo el mundo como el TATE Modern de Londres o Arco en España. Ha sido primer premio de Jóvenes Creadores de la Comunidad de Madrid y en su curriculum aparecen empresas como Procter & Gamble, Nike, Adidas, Sony o Inditex. Spok consigue establecer un diálogo con el espectador gracias a su técnica hiperrealista y sus grandes formatos

¿Qué fue lo que le llevo a pintar?

Era el año 89, cuando empezó el hip hop y el rap, y se empezaba a dar difusión en los medios de comunicación. Surgió el grafiti como una explosión, y más en el centro de Madrid donde yo vivía. Cuando era chaval, pasabas mucho tiempo en la calle viendo lo que se hacía y yo quería eso. Todos los niños de mi plaza y todos lo de mi clase tenían su firma por lo que fue algo natural para todos nosotros, aunque no todos siguieron haciéndolo; yo sí.
De la firma pasas a la pieza, imitando un poco a lo que se hacía en Estados Unidos, que veíamos en algún libro que nos llegaba. Yo me obsesionaba con eso. Estudié Bellas Artes, porque mi madre quería que hiciese una carrera, pero yo solo quería pintar.  Así que hice la carrera, no atendí, solo pinté. Elegía las asignaturas con los profesores que no requerían asistencia. Cuando terminé, me dije: ahora me tengo que dedicar a algo de esto. Y el viento me llevó al grafiti, que era lo que me gustaba y lo que hacía desde pequeño. Resultó que a la gente le gustaba lo que hacía y pasé de una carrera delictiva a una artística basándome en el grafiti y de pintar trenes y paredes, a un interés para un público más amplio que respeta mi trayectoria.

“A los 11 años firmaba Spok por mi barrio con un rotulador verde. Cogí ese nombre por el personaje de Star Trek, ya que me gustaba mucho. Parece un nombre poco serio ya de adulto, pero lo asumí tanto que al final me lo quedé. A nadie le extraña hoy ese nombre tan poco serio”

¿Qué le llevo a evolucionar del grafiti a trabajos más artísticos?
Fue a través de las tiendas de la calle que me contrataban, para que la gente no pintase encima. Eso me generaba conflicto con el que había pintado antes. Una vez se pintaba una pared o un cierre ya se respetaba, pero los que estaban debajo se quejaban. A mí me parece bien las dos cosas, al dueño del local que quiere proteger o decorar su negocio y al que se queja porque ya estaba antes. Ahora hago otro tipo de mural, medianeras de edificios donde no hay nada. Si hay algo ya pintado, un grafiti lícito que ya estaba, lo respeto y no pinto encima, ya que respeto a los que ya estaban. Pienso más como un artista que como un grafitero. A veces los murales de una ciudad son muy parecidos, y tienes que buscar una manera de separarte del resto de una manera más elaborada. Yo me sigo considerando un grafitero, que es lo que sigo haciendo a día de hoy.
Las firmas que se hacen en las ciudades solo interesan a los locos del grafiti. Muchos amigos míos tiraron por el camino de los tatuajes para buscarse un camino, como una salida lógica a seguir pintando. Pero yo no. Si no amplificas tu arte, no se van a interesar por lo que haces. Ahora sigo haciendo grafiti, igual que antes en la calle de forma ilegal, porque en Madrid no hay lugares públicos facilitados para el efecto. Hay gente que le gusta pintar donde no se puede. A la cárcel no va nadie por pintar grafiti, pero multas sí que hay. Unos con otros compiten para ver quién es más bravo y da paso a otras actividades delictivas asociadas. Cuando empecé no era tan ilegal como ahora y todos los cerramientos de obra y de comercios se podían pintar porque a nadie le molestaba, hasta que por el año 2000 todo cambió y se puso tan de moda que se descontroló dando inicio a su regulación.
Ahora tengo mi estudio donde mi pinto, hago mis cuadros y mi pintura relacionada con el grafiti. Viajo mucho para hacer murales encargados por ayuntamientos o festivales. Voy de un sitio a otro utilizando lo que mis manos pueden crear, visitando sitios donde no hubiese creído que iba a estar.

¿Alguna vez le han detenido?
Estaba en Berlín pintando una parte del famoso Muro, cuando un policía me vio y se acercó. Al estar todo pintado pensé que no habría ningún problema, por lo que seguí con lo mío. Cuando ya comprendí que me iban a detener el policía me dijo: «La próxima vez corre cuando nos veas». Solo estuve unas horas en un calabozo.

¿Ha cambiado algo entre el pasado y el presente?
Conforme me hago mayor veo las cosas de otra manera. Cuando veo algo ahora pienso, uff… ¡qué desfase! Donde vivo ahora está todo reventado y el nivel de grafiti es altísimo. Tenemos que vivir con ello todo el rato. Antes no había tanta necesidad de mostrarse. Ahora es distinto, aunque entiendo que es la manera que tienen los chavales de expresarse.
A veces hago murales de denuncia. Pero una cosa es como tú lo hagas y otra cosa como lo perciba la gente. Hay mucha saturación de publicidad institucional y no sé si ya es útil; al igual que la publicidad en la televisión, que ya es casi invisible, llega la publicidad y desconectas. La gente está demasiado expuesta.
La pintura no deja de ser una sucesión de imágenes. Cuando pinto pienso: ¿para qué sirve esto? Cuando me enfrento a nivel existencial a las cosas de la vida, te planteas lo que estás haciendo, pero yo me meto en mi trabajo, que para mí es algo muy serio. Tienes que tener muchas cosas en cuenta, en un sector artístico donde hay mucha competición. Cuando surge un problema, te das cuenta de lo que haces es pintar tus cosas y tus ideas en un trozo de madera.
Ahora pinto con la gente joven, y los de ahora son más libres y tienen que desmarcarse de lo que hacemos nosotros que es de principios del 2000 y te quedas alucinado de lo que hacen.

¿Qué es lo mejor que has pintado?
No lo sé, he pintado mucho. Quizá el muro de los delfines de Cancún, México, para denunciar el uso que los complejos turísticos de la zona hacen de los delfines. Pero cada obra es de una etapa, y cada semana hago cosas nuevas. Si tuviera que elegir una obra me quedaría con la próxima, la siguiente será la buena. Como las esferas que hago ahora, que empecé a hacer formatos redondos con la pandemia, ya que había mucho tiempo, y me dediqué plenamente a eso. La gente le gustó mucho en redes y se empezó a vender mucho a Europa y Estados Unidos, y me ha llevado a un par de años a pintar esas esferas, pero ya me he cansado y no quiero hacer más. No es lo que yo pinto, pero como se vendía bien seguí haciendo eso. Cuando me aburro miro para atrás y miro lo que hacía hace años y veo cosas que descartaba, y las retomo, porque creo que puedo ahora tirar por ahí.

¿Se gana mucho dinero?
Parece siempre que nuestros precios son altos y que ganamos mucha pasta, pero normalmente no es así, ya que la mitad de una venta va a la galería, luego un porcentaje al agente, y luego están nuestros amigos de la agencia tributaria, así que al final no queda tanto. Yo puedo vivir de esto, porque llevo mucho tiempo. Hay gente que gana mucho dinero, pero no es mi caso. La gente que te compra, son gente muy, muy rica, con habitaciones llenas de obras. Aunque yo soy barato en ese sentido porque estoy empezando, aunque a veces me relacione con multimillonarios que me ven como un mono de feria a los que hago gracia. La gente normalmente vende por unos precios mucho más altos. Sí que tengo libertad de currar para mí y hacer lo que quiero y puede que llegue un momento en el que se llegue a vender más y más caro, pero no es donde estoy ahora mismo. Nunca pensé que iba a vivir de las Bellas Artes, pero sí creo que para cada cosa a la que dediques, hazlo con todo tu tiempo y energía, sea lo que sea, y al final te irá bien en eso. Dedicación y constancia.