Reconozco que cuando cayeron en mis manos los informes que Concepción Arenal presentó ante los congresos internacionales penitenciarios celebrados, en Estocolmo, Roma y San Petersburgo hace más de 140 años, me sorprendió gratamente. Lo que leía no se alejaba casi nada de mi pensamiento sobre esos mismos temas, mas si te encuentras inmerso en la vida penitenciaria. La humanización del sistema que plantea y la moralización de los presos, son valores que se echan de menos también hoy en día.

Nacida en Ferrol, Galicia, en 1820 fue una visitadora de prisiones que realizó estudios de Derecho. A los 21 años se vistió de hombre para asistir como oyente en la Facultad de Derecho, pero fue descubierta. Tuvo que hacer un examen para poder asistir.
Denunció la situación de las cárceles de hombres y mujeres, la miseria en las casas de salud y la condición de la mujer en el siglo xix, en la línea de las sufragistas femeninas decimonónicas, y las precursoras del feminismo.

En el terreno penitenciario, combatió insistentemente la prisión preventiva, tan injusta y desmoralizadora; la ley de fugas y el modo vejatorio de conducir a los presos de unas localidades a otras; el espionaje de las celdas y la excesiva duración de las penas no siempre armónica con la gravedad del delito.

CONCLUSIONES DE SU OBRA.

  1. Hay cosas que tienen mucho valor a los ojos de los reclusos y que pasan desapercibidas al que goza de libertad. Negarlas o concederlas pueden ser una penitencia o un gran consuelo.
  2. Los funcionarios tienen que adoptar un modo de apreciar las cosas para que en sus resoluciones exista la igualdad que exige la justicia.
  3. La igualdad ante la ley exige que sea una, idéntica siempre y que al aplicarla se deje el menor campo de divergencia.
  4. A la salida de la prisión es más perceptible la influencia exterior sobre el penado. El mal ejemplo, la impunidad, las dificultades para ganar honradamente la vida, la carencia o tibieza de las creencias… Todas estas circunstancias o las opuestas detienen o empujan a la reincidencia.
  5. El recluso debe ver al funcionario, como en el juez, un mero aplicador de la ley, ya que no está en su mano modificar la pena El penado no le debe mirar con rencor.
  6. El régimen general de una penitenciaría se debe aplicar solo al que no se halle enfermo o sea discapacitado.
  7. La ley debe dar reglas, dejando a la Administración que las aplique, no que las formule.
  8. El delito deshonra, y por eso la pena degrada.
  9. La esencial condición de la pena es la equidad, si faltase, se estará buscando el escarmiento en vez de la justicia.
  10. Las relaciones entre los penados y los funcionarios deben ser benévolas: debe aspirarse a que se amen mutuamente.
  11. La prisión preventiva usada en sus justos límites, que no son los que ahora tiene, es un derecho de la sociedad y un deber del preso someterse a ella, aun suponiendo que sea inocente.
  12. En el que roba hay dos cosas que observar, el ladrón y el hombre. No pueden separarse ni confundirse la parte a tratar del hombre que es la parte sana.
  13. La ciencia penitenciaria, para corregir a cualquier penado, tiene que emplear todo su poder moralizador, sin hacer distinciones, puesto quien da cuanto tiene no puede dar más, y quien está obligado a dar todo aquello de que dispone no puede dar menos.

Ernesto Foncuberta

Redactor de Ecos de Soto.

Ilustración: DARIFÉ.