Carlos Almazán, es director de la Fundación Tenis Madrileño. Desde hace más de once años. Su nombre está muy vinculado al mundo del tenis y del pádel.

En su extenso palmares cabe desta­car: campeón de España de tenis uni­versitario, campeón de Madrid absoluto en dobles, dos veces subcampeón del mundo senior con la selección española y campeón del mundo de pádel senior, en dos ocasiones.

¿Qué es lo que se intenta transmitir a la sociedad desde la Fundación?

La Fundación es una herramienta de solidaridad y de integración. Lo que queremos es transmitir los valores pro­pios del deporte, y acercarnos a los grupos más desfavorecidos de la so­ciedad. Intentamos a través del tenis mejorar la vida de las personas que lo necesiten.

Si presenciamos un partido de tenis vemos, en la mayoría de las ocasio­nes, solo al jugador. ¿Es así?

Es verdad que es un deporte muy indi­vidualista y solo vemos al que levanta el trofeo. Pero si se fija, cada vez en más ocasiones por medio de la televisión, se enfoca al banquillo del equipo del ju­gador. Donde están todas las personas que le respaldan en su vida deportiva.

¿Cuántos proyectos tiene la funda­ción en marcha a día de hoy?

El ámbito territorial principal de la Fun­dación, es la Comunidad de Madrid. Te­nemos ocho mini escuelas de tenis, en hospitales madrileños.

Tenemos escuelas en diversos mu­nicipios de Madrid, en la que acerca­mos el tenis a través de distintas entidades. Niños con discapacidades físicas o intelectuales. En alguno de los municipios trabajamos con más de dos­cientos alumnos.

¿Y en centros penitenciarios?

Llevamos más de diez años colabo­rando con el Centro de Soto del Real, siempre de la mano del Proyecto Hom­bre. Fue el primer convenio que se firmó en la Fundación.

¿Qué hace la Fundación para apoyar los valores sociales?

Tratamos de transmitir todos los valores que conllevan el deporte. En cualquier colectivo con el que trabajemos, inten­tamos que prime el compañerismo y la colaboración. Cuando uno gana o pierde, tiene que felicitar al contrario, y eso son hábitos sanos.

En el caso de las escuelas para los niños ingresados en hospitales, cuando un padre ve que su hijo está recibiendo clases, en un momento que pueden de­dicarle al ocio, y no estar en una habita­ción, ves cómo se les ilumina la cara de una manera maravillosa. Esos momentos de los familiares, son los que nos ayudan a seguir haciendo la labor que hacemos.

Igual que cuando vas a una escuela adaptada de personas con discapacidad y ves que simplemente le dan a una bola, para ellos es un triunfo y todos lo cele­bran. Eso significa que hay muchas mas cosas que una simple actividad.

En definitiva, buscamos sacar lo me­jor de cada persona, tanto para ellos, como para el colectivo con el que cola­boramos en cada momento.