Vida después de la cárcel
Las películas suelen acabar cuando empieza la relación entre los dos protagonistas después del beso final. O cuando el malo entra en la cárcel. Son engañosas. Acaban cuando comienza lo complicado. También hay vida después de la cárcel, una vida a la que no apunta ninguna cámara ni ningún foco, que se desarrolla en el silencio de un completo anonimato. Es ahí cuando uno debe abandonar toda pretensión de protagonismo y labrarse un final feliz después de haber bordeado el abismo. Debe cimentar su leyenda, negar el maniqueísmo que en la mayoría de las pelis solo distingue entre blanco y negro, entre bueno y malo, y sobreponerse, por tanto, al peso que la culpabilidad ha sembrado en sus ojos para aprender o reaprender a mirar con fe hacia el futuro. Todavía, con tesón y humildad, se puede convertir en una persona de cine, en una estrella que alumbre y caliente a quienes tenga a su alrededor.
Desde luego, no todo el cine que se hace hoy en día adolece de los mismos defectos, no solo se muestran vidas de color de rosa o justicieros violentos que en aras de lo que ellos entienden por bien matan a decenas de personas a lo largo del largometraje. Hay otra manera de hacer cine igual que existe otra manera de vivir. Ese otro cine, el cine con fondo, el cine social, el cine comprometido, el bien llamado séptimo arte supone una gran herramienta para que el preso tome mayor conciencia de sí mismo y de las tragedias y problemáticas que, por desgracia, abundan en el mundo.
Ya que en prisión no se puede viajar, ver buen cine puede convertirse en un genial instrumento para ampliar las experiencias de los reclusos, las actividades que realizan y, con ello, contribuir también a su reinserción. Por esa razón, Ecos de Soto ha llamado Reinsercine a esta sección. Esto no quiere decir que se deba renunciar al mero entretenimiento o a la necesidad de desconectar durante un rato de los problemas del día, pues toda buena película que se precie ha de ser divertida.
Tuvimos dos extraordinarios ejemplos de ello aquí en Soto no hace mucho. Por una parte, cuando visitó la prisión el actor Jorge Sanz para estrenar el cortometraje Por un puñado de dólares, al término del cual los internos pudieron charlar con él sobre el cine en general y sobre el corto en particular. Por otra parte, cuando unas semanas más tarde se estrenó el largometraje Te protegerán mis alas, al que acudieron su director, Antonio Cuadri, y uno de los principales actores, Fabour David Iyawe. En la peli se abordan las distintas facetas de la tragedia que conlleva la emigración a la que se ven forzadas millones de personas en el mundo.
En vista de la gran respuesta por parte del público a ambas iniciativas, excepcionales acontecimientos en el medio penitenciario, este periódico ha querido ir más allá presentando a continuación las entrevistas que realizó a todos estos artistas, siempre con el afán de que la vida del cine y el cine de la vida sirva a todos, en la medida de lo posible, como un estímulo para que se mantengan firmes en su camino hacia la libertad.
Lucas Gómez
JORGE SANZ: Nadie le quita lo bailao
Empezó en el cine con 8 años; con 16 causaba sensación en toda España. Hoy, que charla con Ecos de Soto, sobrepasa los 50 y sigue trabajando en varios proyectos. Antes era siempre el niño de los rodajes y ahora es el abuelo. Asegura que ha hundido varias veces su carrera, lo que conlleva, por tanto, que también ha sabido reflotarla otras tantas
«La fama es cojonuda y
el que diga que no es gilipollas«
Texto: Ernesto Foncuberta
Fotografía: Gabee Pardong
¿Cuáles son los mejores recuerdos de su extensa carrera?
Yo me acuerdo de mi vida a través de las películas que he estado haciendo en ese momento. Con 16 años, por ejemplo, yo estaba en Cuba haciendo una peli y pasándomelo en grande.
¿Y los peores?
Ha habido momentos duros. Una vez empecé a trabajar con Almodóvar y me puso de patitas en la calle al cabo de una semana. En realidad, no pasó nada. Almodóvar es una personalidad muy potente y para trabajar con él tienes que tener una sintonía muy grande. Yo no tuve esa sintonía. Es un mundo que me resulta un pelín ajeno y entonces creo que esa distancia se trasladó al rodaje. No se puede trabajar con un director con una personalidad tan potente y estar un poco al margen
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¿Cuáles son sus tres películas favoritas?
Plácido, de Berlanga, El pisito, de Ferrari, y Belle Époque.
¿Y tres actores?
Javier Bardem, Luis Zahera y Juan Diego Botto.
Usted, su vida, es un ejemplo de superación personal. ¿Cuándo ha pasado por malos momentos a qué se ha agarrado?
He tenido momentos muy jorobados en vida y los puedo apreciar una vez que los he superado. Yo he tenido un problema terrible con un hijo
mío que tenía una enfermedad mortal. Se me moría con 18 o 20 años. Y de repente, dan con la tecla médica y se soluciona el problema, deja de ser una enfermedad mortal y se convierte en una crónica. Y tú dices, joder, prueba superada. Entonces yo pienso que mientras estás pasándolas putas lo que intentas es sacar la cabeza y sobrevivir. E intentar que el problema no acabe contigo y con todo lo que va alrededor tuyo.
¿En ese sentido qué cree que les podría decir a los presos de Soto para superar esta etapa?
Pues no lo sé, porque cualquier cosa que pueda decir yo desde fuera me parece infantil. Yo te diría que vivir el momento, el día a día e intentar que la situación no pueda contigo.
Uno amigo suyo le decía “¿Y si nos quitan lo bailao?” ¿Qué pasaría si la quitan lo bailao?
Yo he tenido una vida privilegiada. Di con la tecla muy pronto. Con ocho años entré en el mundo del cine, entendí muy bien el mecanismo y además era muy fotogénico, con lo cual lo tenía todo. Yo trabajaba mucho. Me hice famoso con 16 años, he trabajado con los mejores directos, etc. ¿Qué pasa? Que eso casi acaba conmigo también. veces.Yo estaba en todas las salsas. Llevo cuarenta años de carrera y veinte de ellos se me han hecho larguísimos.
Casi acaban conmigo, no tenía freno y casi me quito yo a mismo lo bailao: me dio un infarto. Y luego resultó que fue lo más saludable que me pasó en todos esos años. Me hizo abandonarlo todo y a partir de ahí rehacer mi vida, intentando que no se me vaya la cabeza, que no pierda los recuerdos porque creo que esa sería la única manera de que me quitaran lo bailao.
¿Qué es lo bueno y lo malo de la fama?
La fama es cojonuda. Y el que diga que no es gilipollas. Porque pasar por esta vida haciendo lo que a ti te gusta y encima no estar haciendo cualquier cosa, sino que de repente tienes cierto nivel en lo que haces, eres bueno y encima que la gente te reconozca por la calle, pues es una bendición. Yo me hice famoso con 16 años. Recuerdo que Verónica Forqué me decía que iba a ser primo segundo de todo el mundo, “así que acostúmbrate y saca partido de esa relación”. Luego, es verdad que a mí me gusta mucho la gente.
El lado negativo de la fama, te diría que tienes que aprender a gestionar tu autoestima. Y lo que aprendes es que nadie es insustituible, que de repente estás abajo, de repente estás arriba y hay que saber vivir arriba y abajo. Cuando ya has tenido varios hostiones a lo largo de tu carrera, como es el caso, pues ya aprendes a darle menos importancia a los altibajos. Lo sé, porque, yo he conseguido hundir mi carrera varias veces.

Jorge Sanz durante la visita que hizo a Soto del Real para estrenar Por un puñado de frases, cortometraje que protagoniza y que no se ha presentado en ninguna otra sala de cines, pues está dirigida solo a plataformas digitales. » que se haga el estreno en la cárcel, para todos vosotros, me parece una gran idea», contó a Ecos de Soto.
Antonio
Cuadri
«Contar la verdad
para no rendirse»
Texto Ernesto Foncuberta
Fotografía Gabee Pardo
La cultura puede convertirse en una tabla de salvación. No como evasión, sino como reflexión interna. El director de cine, realizador y guionista Antonio Cuadri entiende el arte desde ese lugar: como una forma honesta de mirar la realidad sin adornos, de escuchar a quienes no siempre tienen voz y de recordar que toda persona es más que sus errores.
Aparte de la película que acudió a estrenar en Soto, Te protegerán mis alas, también ha dirigido, entre otras, El corazón de la tierra o Eres mi héroe. Es el creador de la serie juvenil Al salir de clase y ha dirigido numerosos episodios de Cuéntame cómo pasó, la seria más longeva de la televisión en España.

Antonio, cuando se mira a sí mismo más allá del cine y del reconocimiento profesional, ¿Cómo se define?
Me considero un ser humano inquieto, un viajero nato en constante descubrimiento. Nunca me ha gustado acomodarme en mi zona de confort. Soy, como se suele decir, un culillo de mal asiento. Necesito moverme, cambiar, descubrir. Y no hablo solo de viajar físicamente, sino de un viaje interior. Me gusta que el viaje me cale, que me transforme, evolucionar y aprender de lo que voy viviendo.
Esa inquietud parece una constante en su manera de estar en el mundo.
Sí, porque para mí quedarse quieto es una forma de estancarse. El viaje, entendido en un sentido amplio, te obliga a replantearte cosas, a cambiar de mirada. Creo que solo así se crece de verdad, como persona y también como creador.
Sin embargo, cuando se le pregunta por su faceta profesional, usted muestra cierta distancia con el término “director”.
Me sigue costando verme a mí mismo como director. Yo digo que hago películas, que es diferente. Si me miro a mí mismo, no me reconozco del todo como director. Me reivindico mucho más como espectador. Me gusta el cine en una sala, sentarme y ver una película como se debe ver. Eso es lo que me fascina realmente del cine.
¿Esa mirada de espectador condiciona su forma de hacer películas?
Sin duda. Creo que cuando uno no pierde esa condición de espectador, mantiene cierta humildad. No pienso tanto en la etiqueta profesional como en la experiencia que se genera al contar una historia y al compartirla con otros.
La mayoría de sus películas y series tienen un claro carácter social. ¿Por qué esa elección constante?
En los proyectos que he emprendido siempre ha habido, en la mayoría de los casos, un denominador común: los hechos reales. Y además, con una dimensión social. A veces no sé si soy un director de cine o un reportero, un documentalista o un periodista al que le interesa el tema social, la realidad, el fondo humano real de las personas. Eso es lo que me mueve.
¿Qué encuentra en esa realidad social que no le ofrecen otros relatos?
Encuentro verdad. Encuentro contradicciones, dolor, esperanza, humanidad. Me interesa lo que nos pasa de verdad, no tanto la ficción alejada de la vida real. Las personas, con sus luces y sus sombras, son mucho más complejas y más interesantes que cualquier personaje inventado.
En ese contexto surge una pregunta casi inevitable: ¿para cuándo una película sobre prisiones que cuente la realidad de un centro como Soto del Real?
En cuanto me deis el guion, si tenéis una buena historia que se pueda adaptar. Porque la realidad de la prisión la habéis vivido, la estáis viviendo vosotros mejor que nadie. Nadie puede contar eso desde fuera sin escuchar primero a quienes están dentro.
¿Qué le atrae de ese posible proyecto?
Me interesa reflejar el drama intimista. El de un interno o varios internos que tengan la posibilidad de mirarse al espejo, de sentir y de ver qué ha supuesto y qué está suponiendo su paso por prisión. Contarlo con realismo, sin artificios. Eso sería un proyecto fabuloso.
Además, destaca que el paso por prisión no siempre apaga la inquietud cultural.
Exacto. Vosotros no habéis perdido el interés por la cultura, al contrario, lo habéis potenciado. Se ve claramente en la revista que editáis. Eso dice mucho. La cultura sigue viva incluso en un entorno tan duro, y eso tiene un valor enorme.
En un mundo complejo y a menudo hostil, usted habla de “alas” que nos protegen. ¿Cuáles serían esas alas hoy?
Nuestras alas interiores. En función de la creencia de cada cual, pueden venir del espíritu, de ese pequeño Dios que anida dentro de ti. Esa fuerza que te ayuda en los momentos en los que estás a punto de tirar la toalla, cuando estás desesperado y parece que has tocado fondo. Siempre hay algo que nace de ti y que te protege.
Pero no basta solo con la fuerza interior.
No. No podemos prescindir de la protección de la gente que nos quiere: la familia, los amigos. Y además, como sociedad, hay que dar cobertura a los excluidos, a las personas que necesitan una segunda oportunidad. Esas son las alas protectoras y hay que echar mano de ellas.
¿Cree que la sociedad actual cuida suficientemente a esas personas excluidas?
Creo que no siempre. A veces miramos hacia otro lado. Por eso es tan importante insistir en la necesidad de la segunda oportunidad y del acompañamiento real.
Usted ha reflexionado también sobre el silencio de la gente buena. ¿Por qué cree que hace tan poco ruido?
Porque es una labor silenciosa. El simple hecho de no hacer el mal a propósito, de hacer las cosas de manera anónima, callada, sencilla, humilde. Ir sembrando. La suma de esas pequeñas acciones, tarde o temprano, termina cambiando el mundo para bien.
¿Cree de verdad en el poder del cambio individual?
Totalmente. Si un hombre cambia, si una mujer cambia, cambia el mundo, cambia la humanidad. Pero todo empieza por uno. Hay cambios que a lo mejor no se intentan, pero ese es el primer paso.
Si tuviera que elegir una película que le hubiese gustado dirigir, ¿cuál sería?
Ladrón de bicicletas, de Vittorio De Sica. Es una película de 1945, de la posguerra italiana. Está protagonizada por un albañil que no era actor y por un niño, De Sica, con su cámara.
Su próximo proyecto vuelve a partir de hechos reales.
Sí. Se llama La prodigiosa vida de Juan Latino. Es la historia de un esclavo negro español, nacido en Granada en el siglo XVI, contemporáneo de Cervantes. Trabajaba como mozo de cuadras en casa de unos aristócratas descendientes del Gran Capitán.
Para terminar, ¿qué le gustaría que quedara de su cine?
Que sirva para mirar de frente la realidad, para entender mejor a las personas y para no rendirse. Porque mientras haya cultura, pensamiento y humanidad, siempre hay una posibilidad de cambio.

«Si tienes ganas de hacerlo, sacas el tiempo de donde sea»
Texto Lucas Gómez
Fotografía Gabee Pardo

El actor Favour David acudió el pasado mes diciembre a Soto del Real a estrenar la película Te protegerán mis alas, basada en un testimonio real, que aborda la problemática de la migración y la honda tragedia humana que se oculta tras las frías cifras. Solo tiene 26 años, pero habla con la madurez y la sabiduría de quien sabe que para recoger una buena cosecha, primero hay que hacer una buena siembra.
Bailarín, cantante, actor, políglota, creador de contenido, viajero y muy joven, además. ¿De dónde saca el la energía y la inteligencia para todo ello?
Lo saco de las ganas realmente. Si tienes ganas de hacer algo, sacas el tiempo de donde sea. Lo del canto me viene de mi madre. Luego, el inglés porque soy Nigeriano. Catalán porque me crie en Mallorca. Francés porque lo he aprendido y he trabajado en turismo varios años. Soy una persona muy inquieta y con muchas ganas de aprender
¿Cómo cree que uno ha de disciplinarse para conseguir aprovechar el tiempo?
El cien por cien es el manejo del tiempo. Es dedicarle X tiempo a X cosas. Poner límites a todo, porque todo en exceso es malo. Lo mejor es ponerse una rutina con las cosas que quieres hacer. Sobre todo, lo que me gusta es, antes de acostarme, fijarme si he cumplido todas las metas que me puse durante el día. Nunca dejo nada para el día siguiente.
¿Y la peli qué tal? Supongo que cualquier rodaje es un viaje, ¿cómo ha sido este?
Ha sido un viaje muy enriquecedor. El hecho de irme a otro continente e interpretar a este personaje, que es una persona real a la que conocí, ha sido una experiencia tremenda física y emocionalmente.
¿Cómo es la vivencia de una persona que deja todo atrás y se embarca en una odisea por un futuro mejor?
Yo lo que he hecho ha sido reciclar muchas cosas. Mi padre no vino aquí legalmente. Entonces él me ha contado desde hace muchos años todo lo que él vivió. Simplemente cogí todo lo que él me contó y lo que me contó esta persona. Y cogí estas emociones para conectarme mejor con el personaje.
Parece que el fenómeno de la migración obedece a razones egoístas y muy poco humanas de los grandes y pequeños poderes. ¿Cree usted en el ser humano?
Por Dios, claro que creo en el ser humano. Ahora mismo estoy trabajando en una obra en la que interpreto a un personaje que vino en patera. Y hay una frase que dice: “no venimos aquí porque nos guste morir”. Porque el hecho de salir de casa para venir aquí ilegalmente es casi sentencia de muerte. Entonces la gente que hace esto no es porque les guste morir es porque no les queda otra opción. Siento que esta gente se merece una segunda oportunidad por el hecho de salir y luchar contra todo para llegar hasta aquí.
Que usted y el director vengan a una prisión a hacer un pase de la peli es algo tan maravilloso como infrecuente. ¿Tienen una especial conciencia en torno a las personas privadas de libertad?
Desde luego, esta película es un golpe de realidad donde te das cuenta de que hay humanidad detrás de cada acción. Entonces yo creo que es necesario ver esta peli porque te das cuenta de que hay segundas oportunidades. La vida no es una línea recta, hay matices. A veces, hay cosas que te hacen abrir los ojos y creo que esta película lo hace. Siento que esta película puede tocar corazones, ha recibido premios en el festival de derechos humanos y en muchos otros festivales.
Imagine que tuviera pasar un tiempo entre rejas, ¿cuál cree que sería la mejor actitud para pasar ese tiempo?
En toda mi vida de todos los errores que he cometido he aprendido. Yo lo que haría sería, si no me gusta estar aquí, usar eso como combustible para no volver a la cárcel. Cuando salgas, el hecho de no querer volver aquí debería ser todo lo que necesitas para luchar por lo que tú quieras y llegar a las alturas que desees.
¿Próximos proyectos?
El próximo año estreno una película que se llama Nos veremos esta noche, mi amor, de Paco Arasanz. Y puede que vengan más cositas que estamos esperando.
¿Ya de protagonista?
Puede ser (risas).
Frase: Cuando salgas, el hecho de no querer volver aquí debería ser todo lo que necesitas para luchar por lo que tú quieras y llegar a las alturas que desees.
