Alex_Fidalgo

Es comunicador y podcaster. Su canal: Lo que tu digas cuenta con más de un millón de seguidores e invitados de la talla de Camilo, Arturo Pérez-Reverte, Pedro Duque y muchas personalidades más.

Alex, estamos muy felices de que nos acompañes en la re­dacción de Ecos de Soto. ¿Cómo surge la idea de conver­tirte en podcaster?

Yo pasaba por una depresión severa provocada por una incertidumbre profesional muy grande, porque yo hice perio­dismo y tuve una carrera muy tortuosa hasta que el podcast despegó. Pasé por muchos trabajos que duraban muy poco tiempo, trabajos en los que no me sentía ni valorado, ni bien pagado, y que la mayor parte de las veces duraban como un año a lo sumo o unos meses, y yo tenía que volver a ese período de intranquilidad donde no tenía trabajo y pensaba: ¿se volverá a acordar alguien de mí?, ¿servirá de algo mandar currículums? Precisamente por esa depresión que atravesaba, empecé a in­teresarme por contenidos que hacían en Estados Unidos donde se hablaba largo y tendido con psiquiatras, psicólogos, neuro­científicos, filósofos, etc. Estaba desesperado por respuestas.

Cuando uno batalla con este transtorno, le pide respues­tas hasta al panadero. Quiere ir a pedir un pan y decirle, “por cierto, me está pasando esto, ¿puedes darme un consejo?”. Leía mucho y empecé a interesarme por estos contenidos que otros estaban haciendo aquí no habían llegado, y se me ocu­rrió que yo podía hacer eso también. Como soy patológica­mente curioso, pensé que podría ser terapéutico para superar el proceso por el que yo estaba pasando en ese momento. Y así fue como empecé. Empecé el podcast y efectivamente me sacó de la depresión en la que estaba, pero sobre todo por la respuesta y el cariño de la audiencia.

En un momento en el que yo pensaba que me iban a escu­char 10 personas, veía que me escuchaban 1.000 o 1.500. Eso era una barbaridad para mí. Y eso me fue dando la confianza y la autoestima que había perdido. Además, recibía comentarios de oyentes que me decían: “oye, no sé quién eres, pero me gusta mucho esto que haces, continúa haciéndolo, es interesante”.

¿Es posible vivir de esto? ¿Cuál es la clave?

Con esto pasa como con la interpretación: hay muchísimos ac­tores pero un porcentaje mínimo vive de serlo. En el podcasting, igual. Es difícil decir cuál es la clave para sobresalir, porque hay mi­llones de podcasts. Podría estar en hacer algo diferente, hacer algo nuevo y en ofrecer algo que no estén ofreciendo los demás. Pero yo tengo la sensación de que muchos podcasters que están triun­fando ahora han hecho más bien lo contrario: sumarse a lo que funciona. Lo que hacen es investigar, no crear. Y algunos dan con la fórmula del éxito, van apuntándose ciertas cosas, las incorporan y consiguen prosperar.

¿Cuánto tiempo pasó desde que empezaste el podcast hasta que dijiste: “puedo vivir de esto”?

Como 4 o 5 años. De hecho, los primeros años yo pagaba para hacer el podcast. Como no tenía dónde caerme muerto, iba encon­trando algunos trabajos con los que ir tirando y trabajaba de lunes a viernes, y el viernes me cogía un autobús o me cogía un avión y viajaba por España con una mochila, con una grabadora, y me iba encontrando con la gente que tenía la bondad de abrirme las puer­tas de su casa porque aparte yo no era conocido.

Podríamos decir que una clave del éxito es ser paciente…

Sí, uno debe tener la paciencia para persistir y aguantar 4 o 5 años. Dice Woody Allen que el 80% del éxito es la constancia. Yo creo eso también.

Mucho más que el talento, mucho más que el ingenio, es el se­guir, seguir, seguir… Porque en todas las carreras de éxito hay in­vitaciones a arrojar la toalla. Yo en el podcast he tenido muchos momentos en los que apenas podía seguir adelante.

Háblanos de eso. Cuando has llegado al punto de sentirte que­mado, lo que denominan el burnout, ¿cómo ha sido esa expe­riencia?, ¿cómo te has sobrepuesto?

Estoy en ello. Es decir, yo todavía lo sufro bastante. De hecho, creo que sufro más en los últimos años ese síndrome del burnout. Y lo que tengo que hacer ahora es hacer una pausa cada pocos me­ses, a veces de una semana o unos días. También aprovecho cuando tengo energía para grabar mucho, así puedo descansar y volver, porque es un formato que desgasta. Además, ahora hay muy mala energía en las redes sociales, hay mucho comentario negativo, hay muchas críticas, a la gente todo le parece mal, y eso acaba ago­tando también anímicamente. Hay que sobreponerse a todo ello.

¿Has tomado algún riesgo en tu carrera?

Sí, estuve en una plataforma que me pagaba muy bien, y la dejé aun creyendo que por esa decisión me quedaría en la calle. Vivía en Madrid y hablé con mi familia de Galicia para decirles: “voy a dejar esta plataforma porque no estoy cómodo, no estoy a gusto, y creo que no es donde tengo que estar, que sepáis que me voy a quedar sin nada, y es probable que tenga que volver a casa”. Pero, en cuanto pude, empecé a subir los vídeos de las entrevistas a YouTube, y en muy poco tiempo me di cuenta de que estaba ganando lo mismo que en la empresa que había dejado atrás.

También hay que dar saltos de fe a veces…

Eso es, eso es. Pero, yo siempre intento tener una red cuando hago uno de esos saltos.

Yo no recomiendo a la gente abandonarlo todo y luchar irra­cionalmente por sus sueños. Yo, para poder continuar el programa tenía que seguir trabajando en otras cosas. Entonces, siempre re­comiendo tener una red. Ser responsables, porque las fantasías no encajan muy bien con el mundo adulto.

Hay muchos internos aquí en el centro penitenciario que tienen muchas historias que contar, ¿qué consejo les darías a los que salen de aquí y quieren tener esa voz, ya sea en formato pod­cast, libro, video, etc.?

Desde luego que lo hagan sin ninguna duda. Primero a mí, como consumidor, me encantará escucharlos o leerlos, pero sobre todo para ellos, porque creo que es un proceso catártico contar lo vivido al salir de aquí. Me imagino que no sólo se querrán centrar en sus experiencias aquí, sino en todo lo que hubo antes y lo que vino después. Está demostrado que escribir es terapéutico. El estoi­cismo también se lo recomienda mucho. Marco Aurelio, el famoso emperador, cuando estaba en campañas militares lejos de casa lo hacía por su propio bien, escribía sus meditaciones. Entonces a mí me parece fantástico y lo recomiendo. Todo el mundo puede grabar un podcast, todo el mundo puede salir ahí a mostrar lo que tiene.

Alex, ¿dónde te ves en diez años?

¿En 10 años? En algún momento me retiraré, eso seguro. Y te digo esto porque antes cuando me entrevistaban y me pregunta­ban por este tipo de cosas, yo decía: “espero morir con las botas puestas, yo quiero seguir haciendo esto hasta el último día y me imagino ya mayor, con el pelito blanco y tal”. Hoy en día, no. Espero llegar al momento en el que pueda echar el freno, irme a Galicia, a una casita cerca de la playa. Pero, de aquí a diez años me gustaría creer que aún estoy dando guerra. Poco más que eso le pido a la vida, profesionalmente hablando.

Te voy a decir siete palabras, y tu me contestas lo primero que venga a tu mente…

Errores. Necesarios. Es la única forma de llegar al éxito.

Libertad. Necesaria también. Si solo me puedo quedar con una cosa de lo que hago es la libertad.

Sueños. Hay que hacer lo posible por seguir teniéndolos. A medida que uno va cumpliendo años, como que se le empieza a hacer más difícil lo de fantasear, lo de soñar. Pero hay que seguir, hay que se­guir haciéndolo. Si no, ¿qué sentido tiene esto?

Prisión. Un paso para mucha gente. Un paso que tienen que dar. Para mejorar.

Presos. Gente que está pasando una prueba.

Redención. Un derecho. Para todos.

Perdón. Una gran virtud, de la que hay que hacer uso en cuanto uno tiene la oportunidad.