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Acaso la canción más hermosa del mundo no se escriba con notas musicales, sino con notas humanas. Un Do, Re, Mi… de carne y hueso que el pasado mes de enero flotó en el salón de actos del centro sociocultural aquí en la prisión de Soto del Real. Más de veinte timbres, pero una sola voz compuesta por el grupo Hakuna y los miembros del coro, que Desde dentro (así se llama el coro) concitaron un “huracán que rompió el cielo de sus gargantas” para gritar a Dios, a la providencia, a la esperanza: *“dónde estás cuando me haces falta”.


La respuesta surgió de los corazones de los asistentes, que a buen seguro sintieron que por el puente de la música que llegaba a sus pechos caminaba una presencia, la sublime cura a todas sus ausencias. “Reviento de amor, estoy temblando de gozo”, hablaban los oídos, escuchaban las voces en una comunión que no distinguía entre presos y personas libres.


La armonía que allí se vivió olía a las tostadas recién hechas de un domingo en familia. Por momentos, el público le imaginó una boca al pan blanco del Padre, que entonaba: “simplemente baila y déjate de historias”, porque basta con “vivir con todo el alma” para abrir brecha en los muros de las prisiones y en los que se levantan en nuestras mentes.


La puerta del Sol se abarrotó en Navidades para verlos, luego llenaron dos veces el WiZink Center y nada menos que 17.000 personas cantaron con ellos en el Palacio Vistalegre, lo que constata la buena noticia de que, con ellos, el tiempo del espíritu campea de nuevo sobre el mundo, pues ya en todo el mundo millones de personas disfrutan de la beatífica fiebre Hakuna. Incluso más que la belleza de sus letras, brilla el sentimiento que los músicos imprimen en ellas. A despecho de su incontestable éxito, jamás cobran un euro por sus conciertos. De forma completamente desinteresada, comprometidos con su misión espiritual, una a una van despertando las almas de sus semejantes con besos musicales. En vista de su fama, podría resultar llamativo que acudan a una cárcel a regalar un concierto a poco más de doscientos internos. Podría resultar llamativo para quienes no les conozcan porque para los que sí tienen esa suerte es lo más natural. No en vano, con ellos uno aprende que la naturalidad con que se regala lo extraordinario solo se cocina con humildad.


Quizá la canción más hermosa del mundo se escriba con notas musicales de carne y hueso, que tatuados en sus cuerdas vocales lucen recuerdos para todos los marginados: “por los que sufren la tentación del suicidio, por los pueblos oprimidos, por los que sufren en los hospitales, por los que trabajan en la prostitución, por los que hoy duermen en prisión”, por todos; Hakuna.

Lucas Gómez











Hakuna y Desde dentro unieron sus voces para alentar a aquellos que están lejos de sus familias, pero cada vez más cerca de Dios.