Entrevista con: Marian Rojas
Fascinación por Sincronicidad
La prestigiosa psiquiatra y escritora Marian Rojas habla en esta entrevista e Ecos de Soto sobre el amor, la inteligencia artificial, las adicciones o de la misteriosas sincronicidades, esas coincidencias que a veces suceden en la vida que son demasiado significativas como para ser casuales.
Usted dice que la gestión de las emociones es clave para ser feliz, ¿pero cómo se gestionan esas emociones, con qué herramientas?
Para gestionar las emociones lo primero es conocerse a uno mismo, cuáles son las características más importantes de mi forma de ser. Quién soy yo cuando estoy en mi mejor versión y quién soy cuando estoy enfadado, agobiado, agotado, etc. Y por otra parte, qué es aquello que me agota, qué es aquello que me pone en estado de alerta, que me mete en ese miedo y amenaza constante. Identificar la soledad, el miedo, la rabia, es decir, intentar comprender mi historia. Y luego, qué es aquello que me repara: la lectura, el deporte, la naturaleza… Qué es aquello que me coloca en un lugar donde no me siento tan amenazado. Y luego, por otro lado, trabajar mis herramientas de comunicación: cómo me comunico, cómo comunico la rabia, el enfado, la desesperación. A veces uno tiene que mirar su historia y ver cómo uno comunicaba de pequeño y se da cuenta de que no había un lugar donde comunicar o donde acudir y había un gran sentimiento de soledad. Y poder comunicar esas habilidades en la comunicación.
Y la gestión de las emociones tiene mucho que ver con intentar gestionar la diferencia entre los momentos de rabia y de enorme impulsividad con los momentos de reflexión, que haya un buen equilibrio entre corazón y cabeza.
A veces sucede que sabemos que las cosas son buenas o malas desde un punto de vista racional, ¿pero cómo hacemos para que lo sabemos se filtre al resto del cerebro?
La parte de compresión es importante y luego hay que integrarlo. Hay que ir poco a poco, metiendo pequeñas rutinas, pequeños hábitos donde voy practicando eso que me está pasando. Es decir, yo conozco lo que es bueno para mí y yo voy practicando eso en microdosis para integrarlo de la mejor manera posible. Pero por otro lado, no por tener las ideas muy ordenadas en mi cabeza, no voy a tener ansiedad, lo que voy a hacer es que cuando surja esa ansiedad voy a tener buenas herramientas para poder canalizarla de la mejor manera posible.
Usted sostiene que en la actualidad estamos en una grave crisis de atención. Aquí hay muchos compañeros que dicen que les cuesta entender lo que leen. ¿Qué cree que se puede hacer en general para combatir esta crisis y qué cree que pueden hacer los internos aquí en Soto para mejorar su comprensión lectora?
La atención es una de las funciones de la corteza prefrontal que se anula por la soledad, por el miedo, por la rabia, por las drogas, por las redes sociales o por no haber desarrollado las herramientas de la corteza prefrontal de forma adecuada. Entonces llega un momento en que uno tiene un texto delante y no retiene, no comprende, nota que no puede. Ramón y Cajal, premio nobel de medicina, decía una frase muy importante, que yo creo que como lema para los presos sería maravilloso, que es: “todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”. Y aquí la clave está en el “si se lo propone”, es decir, si voy poco a poco adquiriendo hábitos. Los pequeños hábitos son los que construyen luego la capacidad de poder enfrentarnos a ello. ¿Qué haría yo? Empezar con lecturas muy sencillas a intentar, poco a poco, entender. O ir a una conferencia, aunque note que yo no entiendo, da igual, lo poco que entiendas: haz el esfuerzo.
¿Cuáles cree que son los principales riesgos psíquicos a los que se enfrenta una persona privada de libertad durante un tiempo prolongado?
Yo creo que, sobre todo, es la soledad. La soledad es una puerta muy tóxica. Hoy en día sabemos que la soledad activa lo que se llama dolor social. Es decir, duele la misma área cerebral que la que duele cuando te pegan un pisotón. Físicamente, en el cerebro duele cuando uno está solo, está abandonado, está excluido, etc. Eso duele y duele emocionalmente. Por eso uno tiene que integrar de la mejor manera posible esto. Yo sé que hay diferentes fases: la fase de la rabia, del rencor, de la supervivencia, del dolor, de la injustica hasta poco a poco se llega a la de la aceptación. Puede haber un vacío existencial enorme, porque nosotros tapamos ese vacío con cosas fuera, pero aquí esas cosas no existen. En prisión, te encuentras con ese yo tuyo desnudo de todo con una crudeza mucho mayor y, o lo llenas de cosas que llenan, o ese vacío, esa depresión, esa angustia puede ser muy grande.
Últimamente parece que hay como un cambio de paradigma en la ciencia y en la medicina en particular consistente en dar cabida a la espiritualidad en el ser humano. ¿Qué opinión le merece esta corriente?
A mí me parece muy bien. Yo creo que somos mente, cuerpo y espíritu y esa parte espiritual en la que yo creo profundamente y en la que yo he hecho una gran búsqueda personal. He tenido momentos en mi vida en los que he estado peleada con ese mundo espiritual y trascendente porque hay muchas cosas que no entiendo del sufrimiento humano, de las tragedias y que me rebela un poco contra esa parte espiritual, pero, después de mucha búsqueda, he visto cómo darle una visión espiritual a la vida puede ser un grandísimo alivio. He conocido a gente que ha estado en situaciones de cárcel o de cautiverio para las que encontrar ese sentido espiritual fue un apoyo, un sustento para sobrevivir.
Durante muchísimos siglos existió esa corriente espiritual, luego se apagó por diferentes razones. Ahora mismo, en un momento de mucho vacío existencial, nos ha hecho replantearnos lo que realmente vale la pena, y la parte espiritual ha vuelto con fuerza.
En la conferencia que ha dado usted en Soto ha contado que cuando llegó a Camboya vivió lo que se llama una sincronicidad. ¿Qué significa cuando en la vida de uno empiezan a suceder esas sincronicidades?
La sincronicidad es de las cosas que más me fascinan. No acabo de entenderlo, pero me pasa todo el rato. He buscado la parte neurocientífica, la parte espiritual, la parte más física de todo ello y también la emocional. Pero hay una parte que pasa todo el tiempo que no alcanzo a entender. Yo tengo una hermana con la que trabajo y hay un día a la semana que voy a la consulta y vemos que vestimos exactamente igual. No tenemos la misma ropa, vestimos distinto pero vamos igual. O que uno quiera conocer a alguien y de repente pasa. Sé que la sincronicidad existe, creo profundamente en ello. Hay un área cerebral que busca aquello que deseamos con mucha fuerza. Pero aun así creo que hay algo más que todavía no conocemos que hace que pasen muchas cosas. Creo que son esos interrogantes que ni la ciencia ni la espiritualidad responden, pero que quizá en los próximos años lo hagan.
En prisión, hay personas que están aquí como consecuencia de las drogas o que son adictas a ellas. ¿Qué elementos cree que son los momentos más importantes para superar una adicción?
Para mí las adicciones son un vacío emocional. Es decir, cuando uno llega al mundo de las drogas y cae de esa forma tan profunda suele ser porque huye de algo; llenar un vacío. La labor que yo he hecho, que he trabajado en diferentes unidades de droga a lo largo de mi vida, es no solo el síndrome de abstinencia, estar lejos de ese lugar donde tienes la droga a mano, sino intentar llenar ese vacío desde donde te fuiste a la droga con algo que te sostenga para no tener que volver acudir a ella.
La sincronicidad es de las cosas que más me fascinan. No acabo de enterderlo pero me pasa todo el rato.
¿Cuál es la opinión de la psiquiatría en torno a la inteligencia artificial?
No te voy a contestar desde la psiquiatría, te voy a contestar desde Marian Rojas. A mí la inteligencia artificial me parece una herramienta extraordinaria, pero me preocupa porque no está regulada. En mi caso, yo soy la consecuencia de una inteligencia artificial sin regular: ahora mismo hay más vídeos míos en internet falsos que verdaderos. Como decía la filósofa Hannah Arendt, el problema de mentir a la gente no es que la gente crea en la mentira, sino que la gente ya no sabe en qué creer. Es una gran herramienta que si no sabemos utilizar bien va a deteriorar nuestras funciones cognitivas.
Habla usted con frecuencia de la oxitocina, la denominada hormona del amor. Parece que la naturaleza premia el amor.
Intoxicados de miedo, nos salva el amor. Intoxicados de dolor, de vacío nos salva el amor. ¿Y qué es el amor? El amor es querer a la gente, es cuidar a los demás, confiar. En un mundo a veces acelerado, volver a ese concepto es la mejor vacuna y el mejor tratamiento contra los grandes males de la vida.
Fotografía Grupo Planeta
Texto Lucas Gómez
