Fundación Atenea es una organización con más de 38 años de experiencia dedicada a la intervención con colectivos en situación de vulnerabilidad. Parte de su compromiso con la comunidad se refleja en su enfoque centrado en el apoyo psicosocial a personas drogodependientes en entornos penitenciarios.
En prisión se aborda la problemática de las adicciones desde una perspectiva integral, enfocada en la reducción de daños, la prevención de recaídas y el proceso de cambio hacia la superación de la drogodependencia. Priorizando la promoción de hábitos saludables, la preparación para la reinserción social y laboral, la organización trabaja mano a mano con las personas, reconociendo su dignidad y potenciando sus capacidades.

La creatividad y la innovación son valores fundamentales en la identidad de Fundación Atenea, impulsando a sus profesionales a aprovechar sus fortalezas para mejorar continuamente la calidad de su intervención. La actividad de Regulación de la Ira, liderada por Patricia, Doctora en psicología clínica y trabajadora de Fundación Atenea, es un ejemplo de ello, habiendo encontrado en la dirección del Centro de Soto del Real un gran aliado.

¿Por qué el boxeo y no otro deporte?

El boxeo les llama la atención, conecta con algo de muchos supervivientes y aquí hay unos cuantos.
La gente imagina el boxeo como una pelea, pero es un deporte complejo y con mucho potencial terapéutico. Dominar la técnica implica una conexión con el propio cuerpo mucho más estrecha de lo que estamos acostumbrados. El trabajo sobre la velocidad y la potencia, la coordinación, la adaptación al otro, etc. Nos abren un mundo de posibilidades a la hora de conectar, con nosotros mismos y con los demás.

Es importante dejar claro que dentro de la actividad no se realiza sparring (combate) ya que, por una parte, a pesar de mi experiencia con el boxeo no soy profesora, y además no entra dentro de nuestros objetivos. En este sentido, se busca más bien aprender a modular la corporalidad frente al compañero e incluso resignificar la relación con el impacto de los golpes, ya que muchos de ellos han utilizado el enfrentamiento físico para resolver sus problemas en el pasado.

Aquí rozamos el contacto cuando pegamos a las manos, pasamos golpes o golpeamos abajo cuando el otro está cubierto, conectamos de otra forma más sutil, pisando esa línea pero sin traspasarla, y buscando que esas defensas que tan alto llevan, se vayan desmontando, desde lo afectivo, como las capas de una cebolla.

Pero es genial que surja la inquietud de querer seguir aprendiendo y probarse, porque uno de los objetivos es que en los permisos vayan al recurso con el que estamos vinculados para entrenar y que, al salir en libertad, este deporte pueda formar parte de sus vidas.

Entre las dinámicas sorprende también el cómo se finaliza las sesiones, meditando, para conectar desde otro lugar más interno y personal, todos juntos en el mismo espacio pero, esta vez, sin contacto físico entre ellos.