Era 1987, cuando SOLIDARIOS para el Desarrollo dio su primer paso en la antigua cárcel de Segovia. Su objetivo era estar con las personas excluidas de la sociedad, donde las personas presas, por diferentes motivos, tienen un negativo papel protagonista.

¿Y por qué la cultura?
Son una entidad muy vinculada a la universidad y el fomento del conocimiento. La cultura les sirve de excusa para motivar un encuentro con el otro. Sus actividades son como un pegamento social que permiten a personas que sufren privación de libertad el seguir perteneciendo a la ciudadanía, de forma que no encuentren barreras añadidas para su reinserción social una vez cumplida la condena. “Desde el principio nos insistieron que, para hacer nuestra labor dentro de la cárcel sin malentendidos, nuestro rol debía ser complementario al de los profesionales que trabajaban en el centro penitenciario y que debíamos respetar cuestiones relacionadas con la seguridad que, vistas desde nuestra perspectiva ‘externa’, nos parecían extrañas. Lo hemos cumplido, claro que sí y hemos logrado buena sintonía de trabajo, comprensión y respeto con la institución penitenciaria y sus profesionales. Sin embargo, nunca hemos olvidado que somos una asociación de voluntariado que intenta promover un cambio de un modelo social que genera exclusión hacia otro modelo social más inclusivo y que entendemos el voluntariado que realizamos como un ejercicio de responsabilidad ciudadana que sirve de puente entre los excluidos y el resto de los ciudadanos”, según nos relata Álvaro Crespo, responsable del programa Cultura en prisiones de Solidarios.

Las prisiónes han cambiado.
Con un enfoque horizontal en las relaciones interpersonales entre la sociedad civil/internos y análoga a los espacios culturales que existen en el exterior, llevan los sábados por la mañana a personalidades del mundo de la cultura a centros penitenciarios de Madrid, Sevilla, Granada y Murcia para generar un espacio de encuentro con los internos, siendo esta visita beneficiosa en dos sentidos. Por un lado, el invitado conoce el medio penitenciario y a las personas que conviven en él y por otro, el interno conoce a personas ajenas a su día a día en prisión que le van a hacer olvidarse durante un tiempo de sus problemas y que, al mismo tiempo, fomentan su gusto por la cultura en sentido amplia.

“En todos estos años, las cárceles han cambiado mucho y se han hecho más permeables. Han comprendido que la entrada de la sociedad civil dentro es un proceso inherente a la reinserción.

En SOLIDARIOS seguimos transitando por el medio penitenciario con la misma actitud que tenemos fuera de él: frente a prejuicios, y generalizaciones diversas pasamos a compartir un rato con las personas presas y tratarles de tú a tú. No cuestionamos, no juzgamos; manifestamos nuestra más absoluta creencia en las capacidades de las personas para aprender, cambiar y mejorar y, además queremos trasladar a la sociedad que esto es posible porque tenemos una responsabilidad para animarla a reflexionar sobre la manera desde la que se está abordando la exclusión social y cómo, en el fondo, se está generando una criminalización de la pobreza. Por lo tanto, pasar ‘dentro’ cada semana y compartir un rato junto con los internos, ya es una gran justificación a lo que hacemos”, dice Álvaro Crespo.

El esfuerzo tiene su recompensa.
El duro trabajo ha sido motivo de recibir el Premio Nacional de Fomento de la Lectura y la Escritura, del Ministerio de Cultura, en 2017, y que en Madrid V, Soto del Real, llevan operativas desde casi su inauguración.

Para conocer más acerca de la labor que realiza Solidarios pueden visitar su web haciendo clic aquí.