Una semana después de haber recibido el Goya al mejor actor secundario por su papel en la película As Bestas, Luis Zahera nos visita en la cárcel de Soto del Real. Hay que reconocerle que la charla que venía a dar en el Aula de Cultura de Solidarios de los sábados por la mañana, la tenía cerrada desde hace más de dos meses, aun así, en vez de cancelarla o posponerla quiso acercarse hasta aquí. Preguntado por uno de los voluntarios de Solidarios cuál era el motivo que le había llevado a acercarse al Centro un sábado a las 10 de la mañana, le contesto: “Hay que colaborar en la medida de lo posible, no cuesta ningún trabajo y yo le debo mucho a esa película que me colocó en un sitio muy bonito (Celda 211). Había un productor amigo, Miguel Asensio, que ahora vive en Chile que me hizo muchos favores en su momento. Cuando ya me iba mejor lo llamaba y le decía ‘a ver si te puedo devolver algún favor’. Entonces me dijo una frase que es cierta. ‘Jamás le podrás devolver los favores a la gente que te los hizo’. Lo que intento es devolver los favores que me hicieron a mí”.

Siempre hay que intentar diferenciar la ficción de la vida real. ¿Quién es José Luis Castro Zahera?
Es un gallego de Compostela de 56 años. Que tuvo suerte en la vida porque eligió un trabajo y una profesión artística que depende del azar. Es un poco como que te toqué la lotería. Soy de las pocas personas que trabajan en lo que de verdad está enamorado. Es una profesión que me apasiona y me considero un afortunado. La interpretación para mi es volver a ser un niño todos los días.

¿Y Luis Zahera quién es?
Es el nombre artístico de José Luis Castro Zahera. Cuando falleció mi mamá yo elegí su apellido. Me llamó la atención que a mi padre no le pareciese muy buena idea. Además, tiene un aire oriental que me pareció muy adecuado, tiene mayor sonoridad. Bueno, me gustó más porque era el apellido de mi mamá.

¿Qué pregunta no le han hecho y le gustaría que le hiciesen?
Me gustaría que me preguntasen la relación de la juventud con la cultura, ¿por qué va menos al teatro?, ¿por qué va menos al cine que cuando éramos nosotros jóvenes? Es verdad que en los ochenta había efervescencia cultural. Eso me gustaría debatirlo con los jóvenes. Me gustó la primera pregunta, eso de preguntarme por José Luis Castro Zahera y por Luis Zahera, me parece bastante original esta entrevista. Me gustaría que me preguntaran por cosas que no tiene que ver con el trabajo.

No hemos preparado ninguna pregunta a nivel personal porque en algunas entrevistas sale que no le gusta hablar de su vida.
Si dije eso, ahí mentí.

Habla del papel fundamental de su madre y del papel de su hermana que le llevó a la primera obra de teatro, cuando decidió a los 22 años irse a Nueva York. Y nos ha llamado la atención una frase que parece ser que le dijo su padre que es: “mucho tenía que trabajar para no trabajar”.
Esa frase es de mi papá, claro pensaba que esta profesión era un desastre, sobre ella se decía aquellas barbaridades del mundo de la interpretación y de la farándula: “Dios mío, hijo mío, mucho tienes que trabajar, para no trabajar” porque consideraba que era no trabajar. Luego cambió, cuando hice la serie Mareas vivas en Galicia, que tuvo bastante éxito. Fue cuando le comenzaban a parar por la calle para hablarle de su hijo cuando cambió todo un poco. A mi madre le encantaba. Mi madre tenía una cosa muy curiosa, su gran preocupación era que sus hijos se divirtieran. Siempre me lo preguntaba cuando viajaba. Si los edificios eran bonitos, si la comida era rica y si me había divertido.

“Jamás le podrás devolver los favores a la gente que te los hizo”

¿Qué papel le gustaría hacer y no le han ofrecido?
Me gustaría hacer una película de amor, una de un electricista que se enamora con una persona normal. A mí es un género que me encanta. Las películas como Encadenados y París-Texas son unas de mis películas favoritas. Hacer una película donde un tipo normal conoce a una chica normal y no las barbaridades que hago yo.

En Celda 211, pudimos ver la interpretación genial de Releches ¿Cómo preparó el papel?
Tuve varios amigos en la cárcel por tráfico de cocaína y estuve yendo a visitarles durante cuatro años entre el 95 y el 98. Ahí tuvimos mucha relación con funcionarios de prisiones. Cuando llegó el rodaje, una producción de Vaca Films protagonizada por Luis Tosar, le pedimos a esos funcionarios que nos dejaran visitar internos, que nos dejaran ver personas que estaban en prisión. Es entonces cuando entramos en diversos módulos y vimos distintos tipos de internos, fijándonos más en los que tenían alguna enfermedad mental. Eran personas que deberían haber estado en manicomios, pero estaban allí. Había casos impresionantes y de esa realidad, al ver las entrañas de una cárcel, es cuando se cambió el personaje, querían ese tipo de interno: un perturbado, un tipo violento.

Pegando un salto atrás, a los 22 años se va a Nueva York a recoger abrigos, a trabajar en obras, a hacer un poco de todo, para intentar aprender a interpretar.
Yo estaba en el teatro como aficionado y quería ser profesional, pero tenía vergüenza de ir a los castings. Por aquel entonces mi madre tenía una amiga en Nueva York. Fue cuando me fui a Nueva York dos años y ahí me espabilé, ya que trabajé en la demolición, en la pintura, en restaurantes, en una carpintería. Me vinieron muy bien esos años, ya que te atreves a llamar por teléfono a cualquier persona, a moverte y a buscarte la vida. Como decía mi madre: “Airearte un poco. Simplemente vivir tú solo, tener que tomar tus propias decisiones”. Y funcionó. Los consejos de mi madre siempre fueron poderosos.

Con la impresión del rodaje de Celda 211, hace ya tiempo. ¿Qué ha sentido al entrar en Soto?
La realidad no tiene nada que ver con la ficción. Celda 211 es una película de época que se rodó en Zamora, en un antiguo penal que ya estaba en desuso, solo para nosotros. Había unos pocos internos que cuidaban mínimamente el entorno. Después entras a una cárcel, como esta que es completamente distinta. Además, la de Zamora tiene todas la leyendas e historias. La famosa fuga del Grapo entre otras, sinceramente entrar aquí es una renovación. Como país ves que gracias a Dios las cosas van a mejor, allí no lo pasaron bien. No sé en qué año se dejó de utilizar Zamora, pero era pavorosa. Y esas son películas de época, año 85, la época de los motines. Mi madre decía que comparar no sirve de nada y creo que tiene parte de razón. Creo que en España se avanzó con todo esto.

“Como decía mi MAMÁ: ‘Airearte un poco. Simplemente vivir tú solo, tener que tomar tus propias decisiones”

Cuando va un cantante siempre le dicen que cante, cuando va un escritor nadie le pide que escriba ¿Cuándo va un actor qué le piden normalmente que haga en las entrevistas?
Lo que nos piden son fotos o pararse un rato contigo y comprobar que tienes la misma voz, o si hablas con alguien y estas un rato te hace algún comentario como el que me dijo Carmen, una de las funcionarias que me recibió, que le parecí muy serio. Me gusta eso de mi profesión, que la gente empatiza contigo inmediatamente y es maravilloso. Y si me pidieran hacer algo, pues intentaría hacerlo.

Y ya para terminar, ¿Qué quiere ser José Luis Castro de mayor?
Mejor no me puede ir sinceramente. Con toda la humildad, me considero un privilegiado. Creo que hay una estadística donde aparece que el 6 o 7 por ciento de los actores varones vivimos de esto. Las mujeres creo que no llega al 2. Virgencita que me quede como estoy.

Leímos una entrevista el otro día en un diario, de cuando se fue a Nueva York y ocurrió el atentado de las torres gemelas, ¿nos podría contar la anécdota?
Mi padre tenía un gran sentido del humor, pero era un humor un poco negro. Yo trabajé haciendo demolición en Nueva York, hacía demoliciones en interiores, en joyerías, en restaurantes, hacíamos de todo un poco. Cuando en septiembre del 2001, ocurrió el atentado de las torres gemelas y se cayeron, llegué a mi casa, estaba viendo el telediario y me llamó mi papá, lo recuerdo perfectamente, me pareció súper bestia, bueno con el humor aquel suyo, porque me dijo: “hijo mío, ¿tú no habrás tenido nada que ver?”. Fue lo primero que oí por el teléfono, ni hola José, ni nada. Tenía su humor, humor gallego, humor sin contemplaciones.