Veni_Vidi_Vici

Por Napoleón Grant

Vencer en la noche oscura

Tatuadas en el cuello de un interno, se leen éstas tres simples pala­bras: Veni, Vidi, Vici (Vine, Vi, Vencí), frase atribuida a Julio César tras su rápida y contundente victoria en la batalla de Zela (actual Turquía, 47 a.C.).

Desde el principio de la humanidad el deseo de conquistar, ven­cer y triunfar ha movido las ruedas de la historia. Pero lo cierto es que por cada hombre que triunfa, otros más fracasan. La prisión es un ejemplo claro de ello, un lugar a donde se arroja a los hombres que no triunfaron, los que no “coronaron”, los que no vencieron, los insensatos que, por acercarse demasiado al sol, se incendiaron. El castigo a su error es el aislamiento, la soledad, el encierro. ¿Y luego? ¿Es posible resurgir en estos muros y triunfar verdaderamente? Sí.

Para ello, recuperemos en esa frase tatuada una senda útil:

Yo vine. Es el reconocimiento de los actos. Dice la máxima estoica: “Reconoce la causa de tus aflicciones: ignorancia, inexperiencia, falta de virtud, impaciencia, torpeza… luego, acepta el remedio como la prescripción del médico, pues, aunque parezca duro, te conducirá a un sólo objetivo: tu salud y la salud del mundo.” Cada hombre debe ser consciente de que el primer paso en el sendero que le condujo a la cárcel fue una decisión propia: un acto, una amistad, una com­pañía, un deseo anidado.

Yo vi. Es la contemplación de la propia vida. Es un “basta” para contemplar el valle entero con una perspectiva amplia. La máxima estoica dice:

–“Contempla a todos los que, esforzándose en lo vano, se olvidaron de lo propio y cuídate de prestar la atención adecuada a cada ac­ción en su debida proporción. Elige en qué perseverar sin descanso y en qué cosas es sano contentarte. Así no te desanimarás a menos que ocupes más tiempo del apropiado buscando cosas sin valor.”

–“Abandona el pasado, confía a los dioses el futuro y hazte cargo de tu presente obrando con piedad, rectitud, verdad, valentía y amor. Considera que, si los dioses existen y les importas, han puesto to­dos los medios a tu alcance para que triunfes.”

–“¿Cuántos dolores has soportado por ir en sentido opuesto a tu misión de vida? Ya basta.” “Basta de vida miserable, de murmura­ciones y de astucias.”

–“Si vino por destino, no ofrezcas resistencia. Si vino por decreto divino, hazte merecedor de Su socorro. Si vino por tu propia impru­dencia, dispones en ti de la inteligencia para corregirlo.”

–“Se misericordioso ante lo que provino de causas externas, pero se justo ante lo que tu mismo has hecho.”

Yo vencí. Nadie puede conquistar algo si no se ha conquistado a sí mismo. Vencer no es un estatus social, no es una suma de dinero, no es la culminación de un trabajo. Es el ser dueño de sí mismo. Dice la máxima:

–“Se dueño de ti mismo, aprende a limitar tus placeres y tus do­lores. Somete tus instintos, vigila tus ideas, controla tus pasiones. Entonces, preocúpate por el bienestar de otros hombres.”

–“Sea lo que sea que dure tu vida, asegúrate de haber alcanzado un fin elevado y recuerda que ningún mal es definitivo a lo que está en proceso de transformación.”

–“¿Duele? Considera que el dolor ni es insoportable ni es eterno en tanto recuerdes sus límites y no imagines más de la cuenta. Pero soporta con sabiduría y autodominio y no por orgullo o para alar­dear como lo hacen los insensatos.”

–“Aunque clamen contra ti sus maldiciones, aunque las fieras ronden, conserva en calma tu inteligencia, juzga con verdad lo que acon­tece y haz uso de lo que está a tu alcance. Di a lo que te ocurre: te reconozco tal como eres, te buscaba, eres manejable.”

–“Si no te ha hecho peor hombre, no ha arruinado tu vida. Depende solamente de ti que no se instale en tu alma ninguna perversidad, rencor ni deseo insensato.”

–“Borra las cosas superfluas de tu imaginación y dejarás espacio para contemplar la transformación de las cosas, la brevedad de la vida y la eternidad después de la muerte. Entonces resurgirás en la estación primaveral.”

Las victorias vanas son tan pasajeras como sus vencedores, y el mismo Julio César moriría traicionado años más tarde. Pero la victo­ria sobre uno mismo es duradera, trasciende las generaciones, es la más importante. Como dice la famosa frase de la película Gladiator: “Lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad”. Esa vic­toria está al alcance de todos los hombres, incluyendo a los que hoy están tras las rejas.

Venzamos, pues a esto hemos venido al mundo.