La Tecnología avanza: de un cibercriminal a un criminal digital.

Criminología digital y prisiones inteligentes. La tecnología permite a las personas realizar sus actividades con menor esfuerzo y/o alcanzar objetivos que sin la tecnología en cuestión sería imposible llevar a cabo. Podemos lavar nuestra ropa sin una lavadora, pero no podemos ir al espacio sin una nave espacial. Algunos de los avances tecnológicos pasan desapercibidos y otros sin embargo llegan a generar profundas transformaciones en nuestras sociedades. No se podría hablar de la ciberdelincuencia sino se hubiera desarrollado el ciberespacio.

Hoy en día la tecnología permite que vivamos en una sociedad digital, lo que significa que nuestra vida online (virtual) y nuestra vida offline (terrenal) está integrada, hay quienes mencionan que el término ciber va quedando obsoleto y que en lugar de hablar de ciberdelincuencia lo más adecuado sería hablar de “criminología digital”, una definición más amplia, que no solo abarcaría a la ciber perpetración del crimen y a sus eternos enemigos la ciberseguridad y la ciber investigación, sino que se extiende hacia otros contextos digitales que incluyen los regímenes de pena y la detención, es decir, contempla a las tecnologías emergentes que se usan en los sistemas judiciales y en las prisiones.

El uso de la tecnología en prisiones.

Los cambios en nuestras sociedades libres y digitales permeabilizan todo lo que tocan y la prisión no puede escapar de esas transformaciones. De hecho, la introducción de tecnologías emergentes en las prisiones ha creado el concepto de prisión inteligente. Los países que van por delante en su implementación son Australia, China, Finlandia, Hong Kong, Singapur, Taiwán, Turquía, y los Estados
Unidos. Dispositivos electrónicos, Inteligencia Artificial (IA) y/o Robótica son algunas de las tecnologías implementadas. Los beneficios del uso de estas tecnologías se pueden observar desde dos perspectivas. La de las autoridades carcelarias que con ella logran administrar con mayor seguridad y eficiencia a los internos y la de los internos que cuentan más herramientas para acceder a la justicia. Al entorno familiar y a la educación, consiguiendo más oportunidades reinsertarse a una sociedad libre y cada vez más digital.

La criminología digital contempla a las tecnologías emergentes que se usan en los sistemas judiciales y en las prisiones.

Ventajas para la administración de la seguridad y control de los reclusos.

Para gestionar mejor las prisiones y brindar una mayor seguridad tanto a los presos como a los guardias existen prisiones que cuentan con cámaras, sensores y algoritmos de reconocimiento facial para observar comportamientos irregulares o inapropiados en todo momento. Con la IA es posible identificar las emociones de los internos así como analizar sus llamadas telefónicas buscando información incriminatoria. También se ha impulsado el uso de brazaletes que tienen incorporado la tecnología de Identificación por Radiofrecuencia (RFID). Lo que permite abrir sistemas automáticos de puertas y realizar un seguimiento de los movimientos y locaciones en que se encuentran los prisioneros y así monitorear sus actividades. De este modo las autoridades a parte de recopilar información, cuentan con evidencia de si un preso accede a una zona prohibida.

En otras prisiones se tienen robots que son controlados a distancia por funcionarios de modo que estos evitan el contacto con los internos. El extremo de todo esto es que en algunas prisiones ya se está desarrollando un modelo de prisión sin guardias el cuál tiene como objetivo la eficiencia operacional utilizando una menor cantidad de empleados.

Los beneficios para los internos.

La tecnología ha traído también beneficios para los prisioneros. Los dispositivos digitales como tabletas u ordenadores, en algunos casos con acceso limitado a internet, permiten que los presos puedan enviar correos electrónicos o realizar videollamadas con herramientas como Skype. Esto añade nuevas formas para que los internos mantengan el contacto con sus familiares o amigos y facilita el acceso a la justicia. También posibilita el consumo de contenido digital como libros, prensa o audio. En el día a día los internos pueden usar aplicaciones de autoservicio con las cuales registran solicitudes, canjean recompensas, recargan el saldo para realizar llamadas telefónicas, etc. Estas herramientas abren también las puertas a la formación y a novedosos tratamientos para la rehabilitación y la reinserción. Los
presos pueden estudiar accediendo a cursos digitales brindados en algunas ocasiones por universidades. Así como la posibilidad de usar los recursos provistos por instituciones como ONGs. También se han desarrollado prisiones piloto donde se emplea la realidad virtual (RV) para programas de tratamiento, con la ventaja de ser ambientes controlados y seguros. Y se han implementado talleres productivos donde los internos aprenden a trabajar con software de inteligencia artificial, desarrollando
competencias acorde a las necesidades del mercado laboral actual.

En algunas prisiones ya se está desarrollando un modelo de prisión sin guardias.

El impulso del COVID.

El 11 de marzo del 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que la COVID-19 es una pandemia y las prisiones se reconocieron como epicentros para los contagios. Más de tres años después la OMS ha declarado que la Pandemia de la COVID-19 ha desaparecido. La pandemia no hizo más que dar un empujón a cambios que ya se venían produciendo en nuestra sociedad. Basta ver la implementación del teletrabajo en muchas empresas. Algunos de esos cambios parecían tan profundos que en España incluso se llegó ha hablar de una nueva normalidad. Sin embargo, existen otras transformaciones que no son percibidas por la sociedad en su conjunto. Las prisiones son un lugar donde varios se han llevado a cabo.

En las prisiones españolas ahora es posible que los internos se comuniquen con sus familiares a través de videollamada. Utilizar esta misma tecnología para asistir a una vista con algún juez o fiscal, o para ser parte de una rueda de reconocimiento. El uso de la tecnología en las prisiones también venía produciéndose desde antes de la pandemia y es de esperar que continúe después de ella. Existen varios proyectos digitales a la vuelta de la esquina.

A modo de reflexión.

La implementación de tecnologías contemporáneas en las prisiones suponen un avance con relación al uso de los teléfonos fijos o al envío de correo postal que ya se consideran tecnologías obsoletas. Sin embargo, queda pendiente el análisis ético de muchos temas. ¿Se debe permitir que un robot pueda ser
utilizado para inmovilizar a prisioneros y así evitar que escapen o cometan crímenes?, ¿el
uso de nuevas tecnologías se fundamenta en los beneficios para los presos y el sistema penitenciario o es motivado más bien por el beneficio económico que se percibe de este singular mercado cautivo y que comenzó con la introducción de los teléfonos en las prisiones? También se debe tener presente cómo se perciben estos cambios por la sociedad libre. La opinión pública en muchas ocasiones considera que el acceso a herramientas digitales son lujos para los prisioneros. Para muchos, una prisión debe ser dura, austera y debe evitar el confort. Tal vez, como sociedad deberíamos preguntarnos dónde acaba la visión utópica de una pena segura, comunicada y con posibilidad de rehabilitación y donde inicia la cosificación y opresiva deshumanización distópica que encierra aún más a los ya confinados ambientes de prisión.

Solo esperamos que el uso de la tecnología en las prisiones avance para permitir una mejor rehabilitación y reinserción de las personas privadas de la libertad y no una hostil deshumanización de las mismas.