El título de la película de 1981, Evasión o victoria, basada en hechos reales, demuestra lo que un grupo de personas, al que les une un mismo objetivo, es capaz de alcanzar gracias al esfuerzo y trabajo en equipo. En la práctica de ejercicio o de deporte dentro de la prisión se tiene que tener en cuenta los dos conceptos: el primero es la evasión física y mental; el segundo la victoria, que no deja de consistir en el afán de superación personal, que en principio están presentes en la vida de todo ser humano. La mayoría de las veces, cuando se habla de deporte, lo primero que viene a la cabeza, es el jugador de élite, la publicidad, la televisión y todo lo relacionado con el éxito. En la Carta Europea del Deporte se define que: “Todas las formas de actividades físicas que mediante una participación organizada o no, tienen como objetivo la expresión o la mejora de la condición física y psíquica, el desarrollo de las relaciones sociales o la obtención de resultados en competición de todos los niveles”.
Tampoco debemos olvidar los principios olímpicos entre los que están la solidaridad, el espíritu de amistad y el juego limpio, valores más que compatibles, a la vez que necesarios.

La práctica del deporte y del ejercicio físico dentro de la prisión se debe ver y entender como una herramienta para conseguir el equilibrio mental, a la vez que sus múltiples beneficios para la salud de los internos. Si definimos el termino salud, según la OMS “es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de afecciones o enfermedades”.

Personas, que fuera nunca se habrían planteado la realización de una actividad física de forma sistemática y periódica, crean una rutina encaminada al fortalecimiento. Pudiendo ser, desde la más básica y habitual como dar vueltas caminando al patio, a las más avanzadas como el levantamiento de pesas y ejercicios musculares.

Lo que si resulta evidente es que toda actividad física debe estar encaminada a la instauración, entre la población reclusa, de nuevos valores, normas y conductas, que son propias de la disciplina y que sean de utilidad en su futura vida en libertad. Siendo una herramienta más que importante en la rehabilitación social. Aunque una vez regresados a su vida cotidiana, en el exterior, abandonen la práctica del ejercicio.
De todos es bien sabido que en muchos internos se puede observar la ausencia de control sobre su vida y esperan que la administración penitenciaria tome decisiones por ellos, creándose a su alrededor un entorno de pasividad, sin ánimo de adaptarse al medio.

Si la actividad deportiva, se hace de forma individual o colectiva es indiferente. Lo que se debe intentar conseguir, en la mayoría de las ocasiones, es aumentar la autoestima y el nivel de superación personal. Viéndose más evidente en las actividades que se realizan en equipo, ya que el individuo se ve forzado a apoyarse en los compañeros al tener un objetivo en común. Otra de las cosas que asombra en la cárcel, es ver como el ajedrez, considerado como deporte por el Comité Olímpico Internacional, es tan practicado en todos los módulos.

El deporte es una actividad educativa, reeducativa y terapéutica

Es necesario un rediseño de los gim­nasios de los módulos

Cada módulo de forma regular, y de acuerdo a un calendario semanal, tiene dos salidas generales al polideportivo al que pueden acudir todos los inter­nos, siempre y cuando hagan uso de ropa deportiva.

Una forma simple de clasificar a los usuarios, podría ser en dos categorías: jóvenes y mayores. Los más jóvenes, por normal general, suelen tener mayor habito de realización de actividades de­portivas, bien sea de forma individual o colectiva. Pero también necesitan mu­chos más medios como un gimnasio mejor equipado, así como más número de horas de práctica. El poco espacio que se dedica a los gimnasios en los módulos impide un buen rendimiento. Para los más mayores, en la gran ma­yoría de ocasiones, las instalaciones son menos necesarias, ya que según nos cuentan los monitores deportivos, su actividad se suele reducir a cami­nar, estiramientos o juego de petanca.

Pero si algo es fundamental, es que el equipo técnico del módulo se invo­lucre y organice, de acuerdo con el de­partamento de deportes de la prisión, salidas al campo de fútbol, a las pistas de tenis o a cualquier otra instalación donde se pueden realizar más activida­des; en unas dimensiones más acordes para el desarrollo de la actividad física. Sin olvidarnos que, casi con solo salir del módulo se experimenta una sen­sación mayor de libertad, más aún con la localización que tiene el Centro y las vistas que se tienen de la Sierra ma­drileña, que ayuda a evadirse por unos momentos de donde te encuentras.

Igual ocurre con la pista de tenis y el frontón, a la que hace unos años solo podían tener acceso unos pocos internos, los del módulo de enferme­ría, y que después de su arreglo y re­modelación más uso se le está dando.

Las salidas programadas

También se realizan, con bastante fre­cuencia, las salidas programadas a la Sierra de Madrid en colaboración con la Cruz Roja a través del programa “BASURALEZA” en la que internos, pueden compartir un día de contacto directo con la naturaleza y ayudando a la recogida de los residuos que a algunos visitantes se les olvida recoger. “No es que la experiencia merezca la pena, sino que es una forma de apreciar un día de esparcimiento por la naturaleza, a la vez que se ayuda a la conservación del entorno”, comentan al­gunos internos que han participado en esas actividades.

Mirando al siglo xix volvemos a ver como Concepción Arenal, que fue una gran ade­lantada a su tiempo, defendía y apoyaba la realización de los paseos y la gimnasia como parte de las rutinas diarias en bene­ficio de los recluidos, así como la higiene, la educación moral y el trabajo manual.

Años más tarde, entorno a los años 1910-1915 se incluyó la gimnasia sueca como actividad obligatoria para los reclusos.

A lo largo de los años se fueron inclu­yendo distintas otras actividades deporti­vas- gimnasticas, que no intentaban otra cosa que el ayudar a la reeducación de los internos por medio de ese tipo de activida­des. Hasta que, con la aprobación de la Ley Orgánica General Penitenciaria en 1979, se incluyera como una actividad tratamental, dirigida a la reeducación de la población reclusa. Diseñándose los Centro Penitencia­rios de forma que se fomente la participa­ción en las distintas disciplinas que se ofrecen.

Cultivar el cuerpo, es cultivar la mente

Muchas veces cuando se ingresa en pri­sión no se tienen hábitos saludables, ni una vida ordenada. El levantarse todos los días a la misma hora, el aseo personal y la participación en la vida de un módulo te hace más responsable, a la vez que ad­quieres unos valores más sociales.

La gran pregunta y que por desgra­cia no tiene una contestación clara es: ¿Se practica más deporte entre la pobla­ción reclusa o en la sociedad en gene­ral? Esa es la cuestión, que se intenta resolver por medio de los programas específicos de las prisiones, se dividen principalmente en dos ramas: la de ca­rácter recreativo, dirigida a todos los internos y la de carácter competitivo, que contiene un elemento más mo­tivacional, y en la que se desarrollan competiciones de distintos niveles y deportes. Pero ambas se deben dirigir a lo que tanto se ha dicho: cultivar el cuerpo, es cultivar la mente.

Además de la labor reeducadora que debe desempeñar tanto la actividad fí­sica como el deporte, en el ámbito pe­nitenciario y siendo claros los beneficios (ocupación del tiempo libre, contrarrestar las más de 15 horas de permanencia en la celda, mejora física, desarrollar habili­dades de auto control y adquisición de normas sociales).

Pero como siempre ocurre no todo puede ser bueno, muchos internos se quejan que, en más ocasiones de lo deseable, algunas semanas ven limita­das sus salidas al polideportivo sin pre­vio aviso y sin explicación alguna, por encontrarse las instalaciones cerradas. Recibiendo, como mucho un escueto “no hay funcionario”.

Para la realización de cualquier activi­dad se debe crear un ambiente apropiado (instalaciones), y unos profesionales que ayuden y avalen la ejecución de los dis­tintos programas.

Dentro de las actividades deportivas que se pueden realizar dentro de la prisión, las podríamos clasificar en: práctica libre, deportes dirigidos y salidas programas.

Por ello concluimos que el deporte dentro de un centro penitenciario es una actividad educativa, reeducativa y terapéutica, por lo que bien planificada y organizada es una de las actividades tratamentales más fáciles de implantar. Siempre, que, existan las instalaciones y medios necesarios, y a la vez se motive a los internos a participar de forma regular y constante.

Por último y no menos importante, hay que resaltar la labor de encuadre de todas estas actividades por parte de los coordi­nadores deportivos del Centro. Actividades que tiene un desarrollo transversal, ya que afectan a todos los módulos y requiere que se haga una labor de seguimiento y control de las mismas, facilitándoles los medios que se puedan necesitar y que se tengan al alcance para poder desarrollar­las de manera satisfactoria, a la vez que se promueven nuevas iniciativas, muchas veces solicitadas por los propios internos.